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viernes, 6 de diciembre de 2013

algunos "líderes" quisieron ponerse a nivel con Mandela y sólo lograron el ridículo como Evo Morales que movió muchos miles de dólares "para promover su campaña al Nobel de la Paz", la altura moral y ética del héroe africano ha pasado a la historia como único.

Nelson Mandela ha sido, qué duda cabe, el último de los grandes revolucionarios de los derechos civiles, la lucha contra el racismo y la democracia multicultural. Su legado político y cultural trasciende, en ese sentido, las fronteras de su natal Sudáfrica y se extiende a todo el orbe para bien de miles de millones de personas. EL DEBER ofrece a sus lectores un suplemento especial sobre su vida y su enorme contribución a la Humanidad, con la seguridad de que las nuevas generaciones recogerán los frutos de su lucha contra la intolerancia del ‘apartheid’ y su visión para construir un nuevo país sobre la base de la reconciliación y la integración social. 

Como dijo Mandela en una de sus frases más célebres al recordar la inevitabilidad de la muerte, “cuando un hombre ha hecho lo que él considera como su deber para con su pueblo y su país, puede descansar en paz. Creo que he hecho ese esfuerzo y que, por lo tanto, dormiré por toda la eternidad".

Desde muy joven, Mandela fue un ejemplo de entrega a lo que él consideraba que era lo correcto y necesario hacer para transformar ese bello y contradictorio país que es Sudáfrica. Armó un estudio de abogados para defender a los trabajadores negros explotados por la minoría blanca; impulsó la formación de organizaciones sociales para defender los derechos civiles; resistió frente a la brutalidad del ‘apartheid’; sufrió con estoicismo y entereza los 27 años que estuvo preso en la isla de Robben; y se abrió a la democracia y la reconciliación cuando fue electo presidente en 1994. 

No ha sido una lucha fácil y, sin duda, está llena de contradicciones y quizás errores. Pero la convicción de Mandela por defender al pueblo frente a la intolerancia de una minoría blanca fue implacable, por lo que mereció el premio Nobel de la Paz en 1993. 

Sudáfrica dejó atrás el apartheid racial, pero aún enfrenta la segregación social y la desigualdad que se expresan en la pobreza y la desocupación. Esa parece la tarea pendiente para las nuevas generaciones de líderes sudafricanos.

Muchos líderes políticos del mundo, no pocos sudamericanos, quisieron equiparar sus luchas con las de Mandela. Su estatura política se hace incomparable por su enorme capacidad para darse cuenta de las exigencias de la historia. Resistencia, democracia y reconciliación son los tres pilares sobre los que levantó su liderazgo para bien de su país y el de toda la humanidad. Paz en su tumba, Madiba, su lucha no ha sido en vano

Consejo Editorial: Pedro F. Rivero Jordán, Juan Carlos Rivero Jordán, Tuffí Aré Vázquez, Lupe Cajías, Agustín Saavedra Weise y Percy Áñez Rivero

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