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viernes, 29 de abril de 2016

Vesna Marinkovic se sorprende por la inesperada decisión de Arabia Saudita. de crear el fondo financiero más grande del mundo y retirar sus exportacionens de petróleo hasta dejar de depender de las mismas por siempre jamás

Una de las noticias más sugestivas de esta semana ha estado referida al anuncio de Arabia Saudí de reformar su economía dependiente de la renta petrolera, disminuida a partir del derrumbe los precios del petróleo. Se ha indicado que la idea es reducir su sometimiento respecto de este hidrocarburo que hasta el momento transversaliza la economía mundial y prevé hacerlo a partir de un nuevo plan económico denominado “Visión Saudita con perspectiva al 2030”.
En este marco, el pasado lunes  Arabia Saudí sorprendió informando “la creación del fondo soberano más grande del mundo y la salida en bolsa de la petrolera estatal Aramco”, como parte de este plan de reforma de su economía con la idea de reducir su dependencia del petróleo, de acuerdo a reportes de prensa que señalan como voz oficial del anuncio al vicepríncipe heredero Mohamed ben Salman.
Mohamed ben Salman será el encargado de liderar el nuevo plan económico de Arabia Saudí para que este país, considerado como el mayor productor de crudo de la OPEP, comience a vivir sin depender del petróleo en 2020, lo que se traduce en el primer mensaje del mundo árabe en reconocer que la dependencia del petróleo se ha convertido en algo al menos asfixiante o que la diversificación es absolutamente necesaria.
"En Arabia Saudí hemos desarrollado una adicción al petróleo y esto es peligroso y ha perjudicado el desarrollo de muchos sectores en los últimos años", dijo el vicepríncipe a tiempo de hacer el controvertido anuncio en un país que por décadas ha vivido de la renta petrolera, a partir de sus significativas reservas de crudo.
Suelta la liebre, el derrumbe de los precios del petróleo no solo confirma un tiempo de crisis sino un cambio, al parecer, de paradigmas en un mundo centrado en la explotación de este controvertido hidrocarburo para satisfacer su imparable demanda energética y sustentar su economía, justo cuando la estrategia norteamericana de lograr su autonomía energética ha terminado moviendo el tablero de la economía mundial.
Si bien algunos analistas del sector aún son optimistas frente a la pronta recuperación de los precios del petróleo, augurando un nuevo repunte para finales de 2016, el anuncio de la monarquía saudí ha generado más de un estremecimiento como augurio de tiempos difíciles.
Por el momento, las reservas del reino se mantienen entre las más significativas a nivel global y sus jerarcas son parte de la estrategia de mantener la sobreoferta de petróleo, como una medida dirigida a neutralizar la impronta de los shales proveniente de Estados Unidos, mientras el mundo continúa expectante y el sector energético permanece anunciando despidos de consideración.

martes, 26 de abril de 2016

Vacaflor es un comunicador bien informado especialmente en áreas de su especialidad como los hidrocarburos, por ello cuando se ocupa de la disminución en la producción del gas natural no le falta razón. sus informes son sin duda preocupantes.

El volumen de gas que sigue saliendo de los viejos campos descubiertos el siglo pasado está disminuyendo a un ritmo un poco más acelerado del previsto. En este momento, la producción está por debajo de los 60 millones m3/d, incluso por debajo de 57 millones, con tendencia a seguir cayendo. El gas de Incahuasi y de los bolsones descubiertos durante el anterior proceso electoral por la Repsol, en Margarita, todavía no ha llegado a la red de gasoductos.

Los volúmenes que van a Brasil y Argentina están disminuyendo como resultado de esta crisis. Al parecer, el Gobierno está negociando con esos países para que el tema no alcance notoriedad de conflicto, quizá jugando con los pagos demorados, con uno de esos países, y con negociaciones del próximo contrato, con el otro. Es que las inversiones fueron insuficientes desde que, en 2006, el Gobierno lanzó la negociación con las petroleras, que decidió llamar ‘nacionalización’ por recomendación de Wálter Chávez.

Ahora, cuando las petroleras están pagando menos que en los tiempos de Sánchez de Lozada, se podía esperar que invirtieran un poco más, pero eso sería tarde para resolver la actual crisis. Un campo descubierto tarda, según cálculos de Carlos Darlach, 12 años en promedio antes de estar conectado a la red de ductos. El mismo experto, doctor en geología, dice que, como van las cosas, Bolivia podría verse en la necesidad de importar gas natural en la próxima década. Lo bueno de eso es que la próxima década el precio del gas natural en todo el mundo estará al alcance de cualquier país. En este momento, ese precio es el más bajo de los últimos 30 años. En 2005 estaba en $us 15,37 por millón de BTU y ahora está en $us 2,04. El gas natural licuado australiano, que llega a China y Japón, cuesta $us 4,40, más o menos lo que costó el gas natural licuado que Estados Unidos envió a Brasil hace un mes, como su primera exportación hacia Sudamérica.

Quizá convenga ahora que los gobernantes bolivianos aprendan de lo que está haciendo Arabia Saudita, que ha decidido dejar de depender del petróleo y está sembrando los ingresos de las que seguramente serán sus últimas exportaciones de crudo. Este es un proceso de ‘cambio, y fuera’

domingo, 24 de abril de 2016

Carlos Miranda regresa a la palestra con datos precisos acerca de las fluctuaciones en el petróleo que sin duda influyen también en nuestra economía, aunque de ello nada se quiere decir.

El pasado 17 de abril se celebró una importante reunión sobre futuros precios del petróleo en Doha, Catar. No obstante su importancia, la información sobre esta reunión tuvo poca cobertura en los medios nacionales.
 
Todo comenzó a mediados del 2014, cuando, discreta e insensiblemente, se inició un proceso de caída de los precios del petróleo.  A fines de año, el precio cayó de $us 100/barril a $us 53/barril. La caída continuó llegando a diciembre del 2015 a $us 36/barril, poniendo en evidencia, sin lugar a dudas, el  impacto en las economías de todos los países exportadores e importadores. 

Se estima que para diciembre 2015 los importadores dejaron de erogar  aproximadamente  $us 550 billones y los exportadores de percibir la misma cantidad.
 
Arabia Saudita y Rusia, por ser los mayores exportadores, son los que más dejaron de percibir por los precios de exportación.
 
Este hecho motivo que Arabia Saudita y Rusia, acompañada de Venezuela, diseñen un sistema para estabilizar precios y permitir la recuperación de los mismos mediante el congelamiento de precios con los volúmenes de enero de este año, estimando que para esa fecha la demanda haya crecido como para igualar la producción, evitando se repita nuevas sobreproducciones y permitan, a los precios del petróleo, ir recuperando su valor. 
 
Estos países solicitaron una reunión extraordinaria de la OPEP, incluyendo a los mayores países exportadores No OPEP.
 
La reunión se celebró el 17 de abril, en Doha, sin la presencia de Irán, Estados Unidos y Canadá,  pero asistieron 13 países de la OPEP, Rusia, y otros cuatro mayores productores No OPEP.
 
Después de 12 horas de acaloradas discusiones no se logró ningún acuerdo. Irán manifestó que aceptaba un plan de congelamiento pero que se le permitiera ampliar su exportación de dos hasta cinco millones/barriles por día para compensar los perjuicios ocasionados por el embargo internacional que había sufrido hasta hace poco por su programa nuclear. 
 
Arabia Saudita no aceptaba ningún plan en el cual alguno de los firmantes tenga una capacidad adicional de aumento de producción. Esta divergencia ocasionó el que no se logre firmar ningún acuerdo.  La reunión terminó sin fijar una nueva fecha.
 
Hasta el presente los mercados han reaccionado tímidamente al fracaso, disminuyendo la cotización del petróleo por unas horas y retornando alrededor de $us 40/barril.
 
De la gestación y fracaso de la reunión se puede sacar algunas conclusiones:
 
Los precios del petróleo cerca a $us 100/barril son muy lejanos de retornar. El mecanismo propuesto en Doha estimaba poder llegar a $us 50/barril hasta fin de año.
 
Esta dura realidad nos indica también que los años "dorados” ya han pasado. Los precios de $us ±10/MMBTU para nuestro gas de exportación se han esfumado.
 
Por otro lado, el futuro de precios más reducidos que se vislumbra nos está mostrando que las grandes exploraciones en el Mar Ártico y la explotación del petróleo en el PreSal están casi fuera del alcance de la industria. 
 
En general, la recomendación que se ha hecho desde esta columna, y también señalada por expertos del Banco Mundial, BID, CAF  y CEPAL, convocados por el gobierno, en sentido que el manejo de la industria debe ser muy cuidadoso y prudente, tiene mayor vigor. 
 
Lamentablemente, parece que nuestro gobierno tiene una interpretación muy especial de lo que es "prudente” en el manejo de fondos de la industria y de las Reservas Internacionales Netas (RIN) en proyectos como fertilizantes en el Chapare, FFCC a Bulo Bulo, LNG en Río Grande, etcétera. 
 
Lo que ha sucedido y está sucediendo es que una sobreoferta creada por aspectos políticos y geopolíticos ha sido puesta en mercado para su solución. El mercado y su tradicional inmisericorde accionar soluciona cualquier sobreoferta rebajando precios, lo cual ocasiona mayor demanda que, al ser cubierta con producción adicional, genera nuevamente sobreoferta.
 
Estos ciclos se repiten como un vórtice que está rebajando los precios del petróleo y que puede llegar al límite de la capacidad de operación de las empresas petroleras.
 
El máximo colapso sería que empresas petroleras se declaren en quiebra por no poder sostener sus operaciones con los precios que reciben por su producción.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.

viernes, 8 de abril de 2016

textos de Carlos Miranda experto en hidrocarburos, son generalmente comprensibles, hoy la excepción, porque todo lo que afirma casi de principio a fin, se desvirtúa al final "blindados" los gastos que se pagan a las petroleras por parte de YPFB, lo que deja una interrogante sobre la real situación de esta primera empresa del Estado Pluri.

Cuando J.D. Rockefeller ya era multibillonario, un reportero le preguntó cuál era el negocio más rentable que había. Rockefeller contestó rápidamente: "Una empresa petrolera bien manejada”. El reportero insistió: "y cuál sería la segunda empresa más rentable”. Esta vez, meditando unos segundos, contestó: "Una empresa petrolera mal manejada”.  Estas declaraciones revelaron la alta rentabilidad de las empresas petroleras.  

Como todas estas empresas son públicas, el primer trimestre de cada año deben informar de su estado financiero y de las reservas. 
 
Este pasado trimestre, por primera vez, las empresas petroleras privadas no pudieron reportar utilidades  ni distribuir dividendos a sus accionistas. Además, informaron sobre restricciones en sus gastos de operación y desarrollo de proyectos.  La exploración fue la actividad más afectada. No pudieron, como era acostumbrado, mostrar cifras de incrementos de reservas o reemplazo de las producidas. En general, tan sólo se mostraron cifras de reposición de 80% de lo producido. 
 
Las grandes empresas petroleras estatales están sufriendo efectos similares. La situación de PEMEX es muy compleja porque está inmersa en la reforma energética iniciada en su país. 
 
El caso de Petrobras es dramático: continúa sumida en una maraña y laberinto de corrupción de gigantescas proporciones. 
 
Por la disminución de actividades y cancelación de proyectos, hasta la fecha se tiene estimado el retiro o alejamiento de cerca de 20.000 técnicos y profesionales altamente calificados.
 
En gran síntesis, la imagen de que las compañías petroleras eran siempre altamente rentables  está siendo desvirtuada por la sostenida caída de precios del petróleo, iniciada en 2014.
 
Parecería que las afirmaciones atribuidas a J. D. Rockefeller sobre la industria petrolera han perdido su valor.
 
Casi como una corroboración de lo anterior se ha informado que las inversiones del grupo Rockefeller en la industria petrolera serán retiradas para dedicarlas al desarrollo de energías no contaminantes, como lo pide el Acuerdo de París.
 
Dentro de este reacomodo de las empresas petroleras, nuestra situación es diferente, compleja y difícil con gran repercusión en nuestra economía.  La industria petrolera nacional se ha convertido en la industria más importante del país.
 
La rentabilidad de las empresas petroleras que operan en el país tiene sus peculiaridades. De acuerdo con  la Ley de Hidrocarburos, sólo YPFB está autorizada para comercializar toda la producción de petróleo y gas. El 50% del dinero obtenido por la venta de estos hidrocarburos es transferido directamente por YPFB al TGN, como Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH).  
 
Hasta el 40% de lo recibido por la venta total de la producción es utilizado por YPFB para pagar a las empresas por gastos de operación incurridos para lograr la producción vendida. El monto de las entregas por gastos de operación es sujeto a revisión de YPFB. El 10% restante en los ingresos es dividido entre YPFB y la empresa productora, a base de  tablas de cálculo acordadas contractualmente como utilidades para cada una de las partes.
 
El sistema descrito fue acordado entre el Estado y las empresas cuando el precio del gas de exportación estaba entre dos y tres dólares/MMBTU. Como todos sabemos, este precio ha ido subiendo hasta llegar a los   10 dólares /MMBTU (±   100 dólares/barril de petróleo). 
 
En todo ese tiempo  los márgenes de distribución de los ingresos se han movido de adecuados a altamente generosos. Actualmente el precio del gas de exportación es ±  tres dólares/MMBTU (±  30 dólares/barril de petróleo). La rentabilidad de las empresas operadoras en el país ha dependido de los reembolsos que recibe por gastos de operación y la división de utilidades con YPFB.
 
Lamentablemente, los montos por gastos de producción y los percibidos como utilidades no son de conocimiento público, pero hasta la fecha no se ha manifestado ninguna disconformidad u observación por las empresas o por el Estado. 
 
Termino utilizando un pseudotérmino económico popularizado por el Gobierno: esperemos que el pago por gastos de operación a las empresas sirva como un "blindaje” contra cualquier reducción en programas de exploración y su personal especializado.

Carlos Miranda Pacheco es ingeniero y analista energético.