Vistas de página en total

jueves, 17 de diciembre de 2009

ya no existe el mito que planearon hacer de Evo. sus contradicciones entre "mistisismo pachamamante" y realidad no van juntos. informe de LT


En medio de un ambiente signado por irreconciliables posiciones defendidas por tres bloques de países divididos por sus respectivos intereses, de propuestas entre violentas manifestaciones de protesta organizadas por múltiples organizaciones “contestatarias” del mundo y de cada vez más pesimistas augurios sobre su posible desenlace, ayer los presidentes de Venezuela, Hugo Chávez, y Bolivia, Evo Morales, se convirtieron en el centro de la atención de los medios de comunicación que siguen de cerca la Cumbre del Clima de Copenhague.

Ambos se explayaron en sus ya conocidas arengas anticapitalistas. Chávez hizo del “antiimperialismo” el eje central de su intervención y Evo Morales concentró su mensaje en la necesidad de “salvar a la Madre Tierra”.

Es probable que hace algunos años ambos discursos, sobre todo el primero, no hubieran sido siquiera concebibles. Y si alguien se animaba a convocar a la humanidad a destruir el sistema capitalista y a reanudar la marcha hacia el socialismo, no habría logrado más que provocar sonrisas burlonas.

Pero ahora no. Lo que está ocurriendo en Copenhague --el vigor de las manifestaciones anticapitalistas y el éxito de audiencia que lograron los portaestandartes de la nueva ola socialista-- es una muestra del sorprendente giro que durante los últimos tiempos se está produciendo en el escenario político e ideológico mundial.

Sin embargo, no todo salió como los seguidores y los promotores de la imagen internacional de Evo Morales hubieran deseado. Es que después de haber fracasado en su afán de promover su candidatura al Premio Nobel, se habían propuesto hacer de él todo un icono de la causa ambientalista. En el libreto original estaba previsto otorgarle un premio y nombrarlo representante principal de la causa ecologista.

Tal propósito fue frustrado. Ni para los más firmes simpatizantes de Evo Morales fue posible soslayar la inmensa falta de correspondencia entre sus discursos ecologistas y muchos de los actos de su gobierno que son franca y abiertamente atentatorios contra la salud de la “Madre Tierra”.

Como se recordará, durante meses hubo muchos casos que pusieron en evidencia tal contradicción. Los cuestionamientos de las principales organizaciones ecologistas bolivianas a importantes proyectos gubernamentales, como la exploración petrolera en áreas protegidas, la tolerancia con que actúa frente a prácticas agrícolas devastadoras en las frágiles tierras del subtrópico, como es el cultivo de la coca, entre otros casos parecidos, hicieron que su proyectada imagen como abanderado de la causa ambientalista resulte indefendible.

La consigna de “acelerar la industrialización de Bolivia” enarbolada durante su reciente campaña electoral tampoco lo favoreció. Es que si hay algo contra lo que están los ecologistas, es la idea de que el industrialismo no es una buena opción.

Como se ha visto, más allá de los mitos, en el mundo práctico, no es posible enarbolar simultáneamente banderas de causas que son mutuamente excluyentes. Es de esperar que esta experiencia sirva para que el gobierno del MAS aclare algunas de las ideas que guían sus actos.

No hay comentarios: