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viernes, 17 de junio de 2016

resume El Deber, el estado de los contratos para vender gas a Brasil y Argentina. ED muestra lo difícil que resulta ante la inocultable dificultad de YPFB de proveer lo pactado porque el gas se achica, mientras la oferta para el comprados se multiplica de diversas fuentes como EEUU y Asia.

El tema de las próximas negociaciones con Brasil para la ampliación del contrato de compraventa, llamado GSA, que fenece en 2019, llega en un momento incómodo para Bolivia. Expertos consultados por la agencia de noticias ANF dijeron que, en efecto, la circunstancia no es propicia para Bolivia, por varias razones, comenzando por el hecho de que la producción está dando señales de agotamiento. 

En efecto, la comunicación oficial que hizo YPFB a la argentina Enarsa, para anunciarle que los envíos de gas a ese país tendrán un volumen menor en 5 millones de m3/d que el convenido, es una muy mala señal. Dicen otros expertos que quizá esa notificación de YPFB selló el momento en que Bolivia ha dejado de ser un proveedor seguro de gas natural para sus vecinos. La ruptura del sueño de ser el centro generador y distribuidor de energía en toda la región.

Los primeros expertos dicen que, respecto del contrato con Brasil, que debe ser renovado, tiene la desdicha de que ese país se ha ido liberando de la dependencia que tenía respecto del gas boliviano. Cuando comenzó el contrato, Bolivia proveía a Brasil el 70% del gas que ese país consumía, pero ahora el gas boliviano solo representa un 30% de ese consumo. Es que han pasado cerca de 20 años desde que comenzó la venta y desde entonces muchas cosas han ocurrido en Brasil, comenzando con que aumentó su producción interna y que, a raíz de unos bloqueos que pusieron en duda la llegada del gas boliviano, fueron construidas plantas de regasificación en tres puertos para recibir gas natural licuado de ultramar.

Si faltara algo en este panorama, ahora las represas de las plantas hidroeléctricas están repletas, hay proyectos para energía eólica y solar, como en muchos otros países. Por lo tanto, habrá que tener cuidado en la negociación. Cualquiera sea el gobierno que esté a cargo en Brasil, sus expertos saben que en Bolivia se está sintiendo el agotamiento de las reservas y que ellos necesitan otras opciones, pero sobre todo seguridad en la provisión.

Argentina lo muestra ahora, cuando está recibiendo, a través de Chile, un gas natural producido en Estados Unidos, que cuesta más del doble que el gas boliviano, pero no tiene otra opción, sobre todo si Bolivia ha dado una demostración de que no puede cumplir su compromiso. Se presenta así un difícil momento para negociar el futuro del gas boliviano

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